Jose el peruano
Jose el peruano Los pájaros gigantescos debÃan de estar sin duda domesticados por haber pertenecido al indÃgena muerto, porque, después de breve y débil tentativa de rebelión, se dejaron llevar dócilmente.Â
—¿Los comeremos?—preguntó José.Â
—Estos emús me parecen muy bien amaestrados y serÃa un pecado matarlos, tanto más cuanto que su carne es coriácea y tenemos todavÃa buena provisión de carne de buey... Creo que serÃa más útil usarlos corno animales de tiro.
—¿Unciéndolos al carro?Â
—¿Por qué no? El emú está dotado de fuerza extraordinaria y la de dos de ellos es por lo menos igual a la de un buey. Este animal resiste además muy bien la travesÃa del desierto.
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La idea de Lindsay fué puesta en práctica y poco después el semi-dray partÃa del oasis tirado por una pareja de bueyes y otra de emus.Â
Después de un mes de calor sofocante, de marchas forzadas, de terribles desalientos, habÃan conseguido atravesar casi el desierto de la desolación; pero al término murieron de hambre y de sed los dos bueyes y el carro debió ser abandonado porque los dos emús no tenÃan fuerza para tirar del pesado vehÃculo.Â