Jose el peruano
Jose el peruano —¡AsÃ!—dijo Mernal dando el revólver a Lindsay—. ¡No yerres el tiro, de otro modo ya sabes lo que te toca!Â
Lindsay tomó el revólver y se alejó unos tres pasos del árbol. Mernal y Mulga se pusieron tras de él.Â
El cazador levantó lentamente el brazo y dijo:Â
—El último instante de vuestra vida ha llegado. Os habéis fiado estúpidamente de mÃ, que soy amigo de Kornalden, y ganaré una buena parte de las riquezas que vuestro amigo Kilder se verá obligado a cederle. Otra gran parte irá a manos de los compañeros Mernal y Mulga, que han hecho milagros por atraparos al fin. Señores, atención: el espectáculo va a comenzar.Â
Mernal esperaba con cÃnica sonrisa en los labios; Mulga tenÃa las manos sobre el vientre, impaciente por abandonarse a una danza desenfrenada.Â
Lindsay apuntó su revólver contra José.Â
—¡Al corazón!—dijo Mernal—. ¡Es ahà donde guarda a la dulce Marinca, que no verá nunca más, ya que será mÃa! ¡Fuego!Â
Lindsay giró rápidamente sobre sà mismo y disparó. Un grito salvaje resonó en el bosque.Â
Mulga, el australiano traidor, cayó herido en el vientre, mientras que un segundo tiro iba dirigido a Mernal.Â
Pero Lindsay no habÃa podido ver que el tiro fallaba.Â