Jose el peruano
Jose el peruano José y Fernández se levantaron.
—¡Seguidme!—dijo Lindsay en tono imperioso.
 —Venid también vosotros a ver este hermoso espectáculo—añadió Mermal dirigiéndose a los galeotes.Â
Estos, curiosos también de lo que iba a acontecer, fueron detrás del pequeño grupo compuesto por Mernal, Mulga, José y Fernández.
Un galeote iluminaba el camino con una antorcha.Â
Llegaron al lugar donde poco antes Mernal y Lindsay habÃan sostenido el coloquio.Â
—¡ Este es el lugar donde tendré el placer de desembarazarme al fin de vosotros!—dijo Lindsay.Â
—¿Te has vuelto loco?—preguntó José tratando de escudriñar el rostro de Lindsay.
—¿O también tú nos has traicionado? —añadió Fernández en tono sombrÃo.
—No os doy ninguna explicación—respondió con altanerÃa Lindsay—, sino que solamente os ordeno. ¡Acercaos a aquel árbol!...Â
José y Fernández no se movieron. Entonces Lindsay repitió la orden empujando a los dos hacia el árbol, y pronunciando algunas palabras en voz baja.Â
Mientras Mernal, Mulga y los galeotes esperaban impacientes el espectáculo, Lindsay ató a sus amigos al árbol.Â