Jose el peruano

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—Tú me has salvado la vida—dijo Fernández—. No debes temer nada de nosotros. 

—Había venido aqui para libertaras si hubieseis estado todavía atados—dijo el forzado. 

Mernal, mientras tanto, habla sido atado sólidamente como antes lo estaban sus prisioneros. 

—¿Por qué no lo rnatamos?—preguntó Fernández. 

—Porque debe servirnos para castigar a Kornalden, cómplice suyo—respondió Lindsay. 

Mernal estaba aniquilado. Se había dejado engañar por Lindsay, que había representado hábilmente la comedia de la cuerda. 

—Abandonarnos el Lago Kood—dijo—. En una semana llegaremos al curso superior del Alligator y bajaremos hasta la desembocadura, donde sin duda Kornalden y Kilder nos esperan. 

La comitiva, a la que se había unido el galeote, se alejó del teatro de la sangrienta lucha. Cuatro galeotes quedaban en tierra y Mulga, el feroz australiano, yacía muerto con ellos.

Pero cuando el grupo se hubo alejado de ellos, un forzado salió de entre la maleza desapareciendo en el bosque y aquel oyó las palabras de Lindsay... 

Mernal hubo de caminar toda la noche y todo el día siguiente. 


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