Jose el peruano
Jose el peruano —¡Tan vivas que poco faltló para que degenerase en una reyerta!Â
—¡EstarÃa fresco Kornalden en un match de box!... Kilder le asestarÃa un el hocico algunas confituras!Â
—Puro jugando a las cartas Kornalden gana siempre.
—Y en efecto, ayer por la noche, después que los amigos los hubieron reconciliado, volvieron a ponerse a jugar.Â
Kilder perdió trescientas libras esterlinas, según costumbre.Â
—Salió del club malhumorado, y parece haber decidido no jugar más con Kornalden.Â
—¿De verdad? Entonces asistiremos a alguna escena graciosa... ¡Mira a Kornalden, que después de haber andado rondando se ha sentado en la mesa de Kilder!
Los dos australianos que dialogaban de aquel modo en el salón lleno de humo del Squatters' Club no perdÃan de vista los movimientos de Kornalden. Este, un hombre de cuarenta años, rostro enérgico pero poco tranquilizador a causa de una expresión de maldad y avidez, se habÃa sentado frente a un individuo casi de su misma edad, de fisonomÃa abierta y leal, preocupado en apariencia de leer la Gaceta de Puerto-Augusta.