Jose el peruano
Jose el peruano La casa de Kilder estaba situada en una colonia aislada: el rumor de los disparos no atrajo a nadie: además los habitantes de Puerto-Augusta estaban acostumbrados a oÃr durante la noche ruidos semejantes y no hacÃan gran caso de ello.Â
José regresó a los pocos momentos.Â
—¿Adonde lo has llevado?—preguntó Kilder.Â
—Lo he tirado al rÃo,--respondió José.Â
Marinca se habia acercado a su novio.Â
—¿Es grave la herida?—preguntó ansiosa.Â
—Poca cosa, no es nada—respondió el coloso—. Ese miserable ha pagado cara su traidora agresión.Â
—Que no se hable de lo sucedido—dijo Kilder—. Volvamos a casa, es necesario vendar tu herida...Â
—No es más que un rasguño—dijo José, si el desgraciado hubiera sido mejor tirador, adios travesÃa de Australia.Â