Jose el peruano
Jose el peruano LA PARTIDA
Quince días después, cuando la herida de José estuvo completamente curada, la expedición se alistó para partir.
El dray había sido provisto de víveres para seis mesas, tiendas, cobertores, cuchillos, seis fusiles ocho pistolas, municiones y algunos mapas de Australia, más o menos precisos y una canoa de goma.
El carro tenia enormes proporciones. Estaba cubierto por una gran tela blanca y se presentaba como una verdadera fortaleza ambulante en la que era posible resistir los ataques de los indígenas y los bandidos que infestan las regiones interiores de Australia.
El colosal carro iba tirado por cinco pares de robustísimos bueyes.
El día de la partida, la población de Puerto-Augusta acudió en masa a despedirlos. Los periódicos habían publicado extensas entrevistas con José, el andarín, y se había difundido particularmente lo de la enorme apuesta que reduciría a la miseria a uno de los dos squatters enriqueciendo al otro. Los diarios hablaban especialmente del cazador Lindsay que Kornalden había propuesto como hombre suyo de confianza.