Jose el peruano
Jose el peruano —Querido José, parece que lo tomas a broma, pero es necesario que sepas que estos glotones siempre hambrientos aprecian mucho la carne de los blancos... ¿no es verdad, Mulga?Â
—Yes sir—dijo Mulga, volviéndose hacia los tres exploradores y examinándoles con ojos de conocedor sibarita...
— Hay tribus de antropófagos que nos asarÃan con mucho gusto a los tres en el horno.Â
—Haremos lo posible para que no les tienten nuestras costillas ni nuestros jamones—dijo Lindsay.Â
—Pero tú, negro glotón, ¿podrÃas jurar que no has comido nunca carne humana?Â
—No sir—repuso Mulga—, no he tenido nunca necesidad de ello.Â
—No te creo...Â
—Además, el misionero me ha dicho que comiendo carne humana dolÃa el estómago, después de la muerte—dijo Mulga.Â
—¿Cuál misionero?Â
—Uno blanco que habÃa llegado a mi tribu—dijo Mulga, como si contase la historia más simple del mundo—. Después de matar a todos los de mi tribu les dolerá el estómago.Â
—¿Por qué, Mulga?Â
—Porque se lo comieron.Â