Jose el peruano
Jose el peruano —Claro está—raspondió Lindsay—, pero no en las regiones centrales donde hallaremos en cambio enorme abundancia de guijarros y de pedruscos de todas formas y dimensiones. Los desiertos que tienen una conformación especial, en lugar de impalpable arena son de grandes piedras... Hay uno, que es muy famoso, y de forma extraña que señala el centro de Australia, por lo menos asà lo aseguran los geógrafos...Â
—¿Cómo podrá atravesar el carro esas regiones? —preguntó Fernández.Â
—Os lo diré... ¡cuando hayamos llegado a la desembocadura del Alligator!—respondió el cazador en tono de broma.Â
—Es decir, cuando hayamos atravesado toda la Australia—dijo José.Â
HacÃa cinco horas que caminaban a una velocidad considerable. Los bueyes, poderosas bestias escogidas por Kilder entre los más robustos de su patrimonio zootécnico, no parecÃan haber perdido nada de su fuerza. Cuando alguno de ellos se mostraba algo rehacio, el látigo de tres metros de largo que llevaba Mulga, lo hacÃa andar al paso requerido.Â
El sol empezaba a lanzar sus calmosos rayos sobre la blanca tienda del dray pero el calor era soportable.Â
El lago Torrens aparecÃa y desaparecÃa a trechos porque el carro seguÃa el camino menos escabroso.Â
—¿Es muy grande este lago?—preguntó José.