Jose el peruano
Jose el peruano —Todo esto hace concebir muchas dudas—murmuró José a Fernández.
—También me lo parece a m×respondió éste.Â
—De todos modos la amenaza del boomerang no servirá de nada—afirmó José.Â
—¿Continuaremos el camino?—interrogó Mulga.Â
—¡Por todo el guano del Perú !—exclamó José—. ¿Crees acaso que son suficientes para amedrentarnos y hacernos perder la apuesta unos cuantos garabatos sobre un pedazo de madera? ¡No fallarÃa más! ¡Adelante, subamos al dray! Los bueyes han comido mucha hierba y están descansados. Antes del crepúsculo podemos adelantar una decena de kilómetros, riéndonos del tulugul.Â
Subieron al dray y continuaron hacia el Norte: dejaron atrás el. bosque y costearon un lago pequeño, llegando hasta los contrafuertes de los Montes Turret.Â
La noche se venia encima rápidamente. El dray se detuvo en un espacio herboso y prepararon en breve tiempo una cena frugal que el hambriento australiano hubiera preferido más abundante.Â