Jose el peruano
Jose el peruano En efecto: una decena de hermosísimos casuares se veían como a unos sesenta pasos. Lindsay hizo la puntería y disparó, matando a uno: los otros huyeron velozmente dando gritos agudos.
Mulga echó a correr hacia el grupo de eúcaliptos a cuyo lado había caído el casuar. Esperando que el drayman volviese con la pieza para preparar un buen asado, Lindsay y José se extendieron a la sombra del dray, mientras los bueyes pasteaban en las riberas de Cooper Kreck; Fernández en cambio había seguido el camino de Mulga.
No sin estupor lo vió pasar más allá del lugar donde había caído el casuar e inclinarse a tierra, como si buscase alguna seña: al mismo tiempo le pareció oír una carcajada burlona que venía desde el grupo de eucaliptos.
—¿Será el laughiny-Iackah, el pájaro burlón de que hablaba el australiano?—pensó el hermano de Marinca—. Y sin embargo me parece una risa humana... una verdadera carcajada... Mas estupefacto aun,Fernández vió desaparecer al drayman en el bosque apenas terminada la extraña risa. ¿Qué quería significar todo aquello? —¿Por qué Mulga no recogía el casuar para traerlo al campamento? ¿Por qué habia desaparecido tras los eucaliptos?
Con una legítima curiosidad mezclada de alguna ligera sospecha, Fernández llamó a sus dos compañeros.