Jose el peruano
Jose el peruano —Mulga.—gritó José.Â
—Pero un sonoro ronquido respondió al llamamiento.Â
—Esta manera de roncar es inusitada en él—observó el cazador acercándosele.Â
—Despierta, si es que duermes—le intimó el cazador dándole una patada en las piernas de Mulla.Â
Este se puso en pie.Â
—Sir... ¿necesita algo?Â
—¿No has oÃdo nada sospechoso?Â
—Nada... dormÃa... ¿Hay algún rumor sospe-choso?Â
—Hemos oÃdo un grito como de alguien que pidiese ayuda—dijo Lindsay—. ¡Otra vez!... ¿Lo has oÃdo?Â
—Yes, sir—respondió Mulga.Â
—¿Hay indÃgenas al pie de esta montaña?—preguntó el cazador.Â
—No es difÃcil que esté acampada aquà alguna tribu errante—respondió Mulga, escuchando con atención.Â
—Sean indÃgenas o no—dijo José , es necesario ir a donde han partido los gritos.Â
—Debe ir uno de nosotros solamente—dijo Lindsay dando a entender de este modo que no convenÃa dejar a Mulga dueño del dray y de las bestias de tiro—Voy yo—añadió cogiendo el fusil.Â