La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Yo más bien sospecho que sean hombres —dijo el cubano.
Como para darle razón, justo en aquel momento en medio de las densas plantas, se oyó resonar un grito extraño que parecÃa el que producen las águilas caracara.
—¡Caramba! —refunfuñó Córdoba—. Conozco demasiado bien el grito de estos rapaces volátiles para dejarme engañar. Doña Dolores, esto es una señal.
—¿Lo crees as�
—Estoy seguro de no engañarme.
Otro grito, parecido al primero, se oyó un poco más lejos en dirección opuesta, al que en seguida respondió el primero en otro tono, con una modulación especial.
—OÃd, señor del Monte, ¿qué decÃs a esto? —preguntó Córdoba.
—Nada.
—¿Creéis que son águilas?
—Es posible que lo sean.
—Yo os digo que son hombres que se comunican entre ellos.
—No estoy convencido. Conozco las caracara y sé que gritan en diferentes formas.
—Yo os digo que no las conocéis, si afirmáis esto, querido señor del Monte.
—¡Soy cubano!