La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Yo también he vivido mucho tiempo en Cuba.
—¿Queréis una prueba de que son águilas?
—Dádmela.
El cubano, sin dudarlo un instante, acercó las manos a la boca y emitió algunos gritos semejantes a los anteriores.
—¿Qué hacéis? —preguntó Córdoba—. Si son insurrectos, haréis que nos descubran.
—¿OÃs? —preguntó entonces el cubano, con algo de ironÃa.
Dos gritos iguales habÃan respondido a su llamada, uno a la derecha del grupo de bananos y el otro a la izquierda.
—¿TenÃa razón al deciros que eran dos caracara? —preguntó el cubano.
Córdoba no respondió; lo miraba con unos ojos en los que se podÃa notar un brillo de desconfianza.
—Podemos marchar de nuevo —repuso el cubano, después de algunos instantes—. Quizá los rebeldes no han llegado aún hasta aquÃ.
—SÃ, vámonos —respondió la marquesa—. Tengo mucha prisa por ver al capitán Carrill y volverme a bordo del «Yucatán».