La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan El lobo de mar se puso de nuevo animosamente en camino, procurando llevar un camino más o menos derecho, cosa muy difícil, porque el hombre perdido en un bosque, involuntariamente, por mucha atención que ponga, tiende a describir círculos más o menos amplios, inclinándose casi siempre hacia la izquierda.
Córdoba no sabía por dónde andaba ni cuál era la dirección justa; continuaba avanzando esperando llegar a la orilla del páramo o al bosque que acababa de recorrer. Desgraciadamente, las plantas se hacían tan espesas que le obligaban a describir frecuentes curvas para poder abrirse paso.
Los cedros gigantes, viejos quizá de varios siglos, hubieran permitido fácilmente la marcha con paso rápido, al no crecer uno junto a otro, pero bajo ellos había unos matorrales muy intrincados, formados por plantas de menores dimensiones pero bastante tupidas.