La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Empezaba a temer que hubieses caÃdo en manos de los rebeldes.
—Estoy contento de haberlo evitado.
—¿Y por qué, bribón? —preguntó la marquesa, riendo.
—Porque os traigo las pruebas de que Ãbamos a ser traicionados y de que el «Yucatán» corre un grave peligro.
—¡Mi «Yucatán»! —exclamó la marquesa, con voz alterada.
—Los insurgentes saben que estamos aquà y que debÃamos desembarcar armas y municiones.
—¿Quién nos ha vendido?
—Los porteadores negros que seguÃan la columna del capitán Carrill.
¿Cómo sabes todo eso? Habla, cuéntame, Córdoba.
El lobo de mar le puso al corriente en pocas palabras de todo lo que le habÃa ocurrido, del descubrimiento de la carta, de los hombres que habÃa visto, de su extravÃo en medio del bosque, del encuentro con el soldado y de la suerte que habÃan corrido el capitán Carrill y su escolta.
—Todo está perdido —dijo la marquesa con los dientes apretados—. Nuestra misión ha fracasado completamente.