La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —No, señora —dijo en aquel momento el soldado, adelantándose—. Las armas son esperadas.
—¡Esperadas…! ¿Y por quién, si no podemos desembarcarlas? —preguntó la marquesa.
—El capitán Carrill habÃa recibido del mariscal Blanco otras órdenes, para que la carga se desembarcase en otra parte, en el caso de que los insurgentes hubieran impedido la operación. Yo, señora, antes de mi fuga he recibido de mi capitán una carta, con el encargo de entregarla personalmente a la marquesa Dolores del Castillo.
Diciendo esto, el soldado se habÃa desabrochado la guerrera y de un desgarrón del forro sacó un pequeño pliego sellado, que entregó en seguida a la marquesa.
En el sobre estaba escrito lo siguiente:
Para entregar a la señora marquesa Dolores del Castillo, capitana del «Yucatán».
—El muy zorro no me habÃa hablado de esto —dijo Córdoba—. El hombre es prudente; buena señal.
La marquesa rompió el sobre y a la luz de las antorchas leyó:
Se ruega a la señora marquesa Dolores del Castillo hacer rumbo a Santiago, en el caso de que acontecimientos imprevistos impidiesen el desembarco de las armas y municiones en la bahÃa de Corrientes, y de ponerse bajo la protección de la escuadra del vicealmirante Topete y Cervera ya en ruta hacia aquella plaza.