La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan LA CAPTURA DEL CUBANO
Los hombres que Córdoba había confundido con insurgentes, eran marineros del «Yucatán» en perfecto equipo de combate, como si se dirigieran a realizar algún peligroso reconocimiento o fueran a afrontar al enemigo.
Eran una treintena, conducidos por un contramaestre, un joven alto como un granadero de Pomerania, robusto como un toro y que ya había dado pruebas indudables de valor, y de habilidad e inteligencia poco comunes.
En pocos saltos, Córdoba hacía alcanzado a sus bravos marineros, que no parecían menos sorprendidos que él por aquel afortunado encuentro.
—¿Adónde ibais? —preguntó parándose frente al contramaestre.
—Pues… en busca de vos, mi teniente —respondió el marinero.
—¿De mí?
—Hemos sabido que estabais asediado en un fortín junto a la capitana.
—¿Y por quién lo habéis sabido?
—Por Álvaro.
—¿Ha llegado a bordo aquel valiente?
—Sí, señor, y hace sólo dos horas —respondió un marinero acercándose.
—¡Tú! —exclamó Córdoba.