La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Yo creo, marquesa, que desde el cabo San Antonio a la punta de Maisi, todos conocen ya la historia del «Yucatán» y todos saben que su capitán es una mujer.
—Me duele, señores —dijo doña Dolores, sentándose—. Yo me habÃa hecho la ilusión de poder alcanzar las costas de Cuba absolutamente ignorada, mientras que ahora me doy cuenta de que he sido traicionada.
—En la guerra las traiciones son a veces necesarias.
—Ahora lo veo. Sin una traición no estarÃa prisionera.
—Consolaos, señora marquesa —dijo el cabecilla de los rebeldes—. Vuestra prisión no ha durado más que dos dÃas o todo lo más tres.
—¡Oh…! ¿Acaso voy a reconquistarla libertad?
—El señor teniente está encargado de volveros a conducir a Cuba.
—¿Con el capitán Pardo?
—SÃ, señora —dijo Córdoba—. Con Pardo, que os restituirá la libertad si queréis entregar finalmente las armas que el «Yucatán» tiene en su bodega. O aceptáis o yo os embarcaré en el «Oyster» y os conduciré a Key-West o a Tampa. He sido enviado aquà especialmente para tratar con vos, acompañado por el señor del Monte, uno de los más fieles amigos del capitán Pardo.