La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Pero tras este primer escuadrón quedan otros más numerosos. El teniente coronel Roosevelt se pone a su cabeza y los conduce hacia adelante al galope, mientras ordena que truenen los cañones de tiro rápido que han sido conducidos hasta allÃ.
Esta orden no tiene ningún éxito por el simple motivo de que los artilleros, tras las primeras descargas de los españoles, se habÃan escapado valerosamente, dejando a los rough-riders el trabajo de arreglárselas solos.
Mientras la confusión llegaba al máximo, una densa descarga truena en el flanco de los caballistas.
La marquesa y Córdoba, creyendo que llegaba un nuevo refuerzo de españoles, se habÃan levantado. Ante su sorpresa oyeron a las trompas de los soldados de caballerÃa el toque de «cesad el fuego».
Estas descargas habÃan sido hechas por un escuadrón de americanos mandado por el capitán Capron. Habiendo equivocado el camino, al ver a estos hombres, hacÃa fuego contra los escuadrones del coronel Roosevelt, creyéndoles enemigos emboscados.
—¡Bueno…! —murmuró la marquesa—. Los yanquis se matan entre ellos.
—Atención, doña Dolores —dijo Córdoba—, el ataque vuelve a empezar.
Los rough-riders animados por su coronel volvÃan a la carga alocadamente.