La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan El general Rubio, que combatía en primera fila como un simple soldado, viendo que la batalla estaba ya perdida y que El Caney iba a ser tomado, no quiso sobrevivir al deshonor de la derrota.
Recogiendo una bandera caída de las manos de un alférez desplomado a su lado, el general se abalanzó en medio de los escuadrones de rough-riders que lo cargaban de frente, gritando:
—¡A mí, mis valientes! ¡Viva España!
Aquel héroe fue visto cuando derribaba, con su sable, a bastantes caballistas enemigos, cayendo después bajo una granizada de golpes para no levantarse más.
El sentimiento magnánimo que se encuentra siempre en un enemigo valeroso y verdaderamente fuerte, debía ser desconocido a la caballería americana, que prefirió matar a aquel valiente antes que hacerlo prisionero.
La muerte del defensor de El Caney puso fin a la sangrienta batalla.
Los españoles, incendiado el pueblo, se salvaron en los bosques, después de haber hecho pagar al enemigo bien cara la victoria, puesto que más de mil quinientos americanos quedaron sobre el campo.