La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan La marquesa y Córdoba, seguidos por sesenta y cuatro marineros, por haber caído los otros detrás de las trincheras durante el último ataque a la bayoneta, para servir de escudo a su capitana, abandonaron el pueblo después de ver a los americanos escalar los terraplenes e irrumpir a través de las brechas abiertas en las empalizadas.
La marquesa iba a caballo, al haber encontrado uno que huía por las calles del pueblo, y los otros a pie; la retirada se realizaba rápida, a pesar de que los americanos no se sintieron en situación de molestar a los valerosos defensores de este puesto avanzado.
A las once de la noche, la patrulla, después de haber dado muchas vueltas en medio de los espesos bosques, llegaba a Aguadores.
Allí se ofrecían a cada paso horrendos espectáculos, por haberse debatido en aquellos contornos los más ásperos combates.
Los caseríos estaban en llamas o iluminaban siniestramente el campo de batalla. Cúmulos de cadáveres, formados en su mayor parte por americanos, se alzaban por doquier. Había hombres y caballos confusamente mezclados, amontonados, yaciendo entre charcos de fango sanguinolento.