La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan A medianoche todo estaba dispuesto para la fuga. Las máquinas estaban encendidas, las tripulaciones reunidas a bordo de las naves, las luces apagadas, los polvorines abiertos, los cañones cargados, todos los hombres en su puesto de combate para la suprema lucha.
Una rayo de esperanza entró en el corazón de aquellos valientes. Se sabía que la mayor parte de las naves americanas se habían dirigido hacia Aguadores para repetir el bombardeo al día siguiente, así que existía la probabilidad de no tener que enfrentarse con todos los barcos de las dos poderosas escuadras mandadas por Sampson y Schelley.
A las dos de la mañana, mientras el almirante Cervera abandonaba el «Cristóbal Colón» y se embarcaba en el «Vizcaya», haciendo desplegar sobre este barco la enseña del mando supremo, el contratorpedero «Furor», mandado por el almirante Villamil, fue enviado a la salida del canal para espiar a los buques americanos.
El «Yucatán» lo había ya precedido. La marquesa y Córdoba, sabiendo que no podían afrontar la lucha, lo sumergieron hasta la línea de flotación y replegaron los mástiles.
Impotentes para seguir a los grandes navíos por el camino del honor, esperaban al menos poder escapar sin ser vistos, aprovechando la confusión que seguramente se produciría.