La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Pocos minutos después, el soberbio crucero estallaba con horrible trueno, por la explosión de la santabárbara y se hundía en medio de una nube de metralla, entre los hurras de las tripulaciones americanas.
Apenas había desaparecido el «Oquendo», cuando también el «Infanta María Teresa» casi convertido en una antorcha, destrozado por los tremendos cañonazos del «Massachusetts» y del «Brooklyn», ayudados por otras naves menores, saltaba por los aires, mientras su capitán, el intrépido Conca, no queriendo sobrevivir a la derrota, se volaba los sesos en la torre de mando.
De la escuadra española ahora no quedaba más que el «Vizcaya» y el «Cristóbal Colón», los más poderosos.
No obstante tener en contra a la escuadra entera de Schelley, proseguían animosamente la desigual lucha, dirigiendo sus tiros especialmente contra el «Indiana», el «Iowa» y el «Venus» que los acosaban ferozmente.
El «Vizcaya», rodeado por cuatro de los más grandes acorazados americanos, tronaba horrendamente. Parecía el cráter de un volcán en plena erupción, tantas eran las llamas y el humo que lo envolvían. Las granadas americanas caían espesas sobre su puente y desgarraban sus costados masacrando marineros y artilleros; sin que por ello dejara de huir y de defenderse.