La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Tengo una pieza que escupe balas de acero, y dos excelentes hotchkiss.
—Poca cosa contra la coraza de los americanos.
—¡Ah…! ¿No sabéis que tengo en reserva dos torpedos?
—Buenas armas.
—Que pueden hacer saltar incluso un acorazado, mi buen señor VizcaÃno.
—Lo sé señora marquesa.
—Agregad a todo esto cien hombres resueltos a hacerse matar, que sólo hace cuatro horas han prestado juramento en la catedral de Mérida, y decidme si no tengo motivos para estar tranquila.
—Pero el «Terror» lleva una poderosa artillerÃa.
—Que atravesarÃa mi pequeña nave sin lograr hundirla. Los americanos tienen su coraza y yo he adoptado el celuloide[1], y quizá es mejor, os lo aseguro.
—¿PartÃs?
—Es preciso aprovechar esta noche de niebla. ¡Amigo Córdoba…!