La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Ha desaparecido, señores mÃos —dijo doña Dolores, sonriendo—. Aquà no hay más que el «Colima-Veracruz». ¿Crees, Córdoba, que vendrá a Visitar también esta isla?
—Es probable.
—No me gustarÃa que nos sorprendiese en este momento.
—¿Y por qué, doña Dolores?
—Nuestra presencia detrás de estas escolleras podrÃa hacer sospechar algo.
—Si no nos encuentra esta noche lo tendremos encima mañana.
—Mañana será otro dÃa —respondió la marquesa, con un cierto aire misterioso—. En pleno mar y a plena luz los americanos no me dan miedo.
—¿Qué proyecto tenéis en la mente?
—Lo sabrás más tarde, Córdoba, y te prometo una diversión a costa de los yanquis.
—¡Hum…! ¡Una diversión peligrosa!
—Hay que tomarla como viene, amigo mÃo. Mira, el crucero se dirige hacia nosotros.
—Dejémoslo venir. Si no manda a tierra una chalupa a explorarlas escolleras y las islas, no nos encontrará; de esto respondo yo.
—Puede girar a nuestras espaldas.
—No hay en el canal agua suficiente para este coloso, doña Dolores.