La ciudad del oro
La ciudad del oro —Tú no conoces a nuestras hormigas y no has presenciado ninguna emigración de estos feroces insectos. Mira: los pecaris, que no tienen miedo de nuestras armas, huyen al galope temiendo el inminente asalto de las hormigas.
—La cosa es extraña, doctor. ¡Mil rayos!... ¡Las hormigas no son yaguares!
Unos cuantos pecaris que se habÃan ido hacia la orilla de la selva volvÃan corriendo y lanzando sordos gruñidos.
¡Ah, ya están ahà ! — exclamó el doctor.