La ciudad del oro
La ciudad del oro —He logrado saberlo —dijo don Rafael, bajando la voz—. Yaruri era uno de los más valerosos indios de la tribu de los casipagotes, aliada de los eperomeros y de los orejones; pero demasiado ambicioso, por lo que he podido deducir, aspiraba a asumir la jefatura suprema de los hijos del sol. Pero habÃa otro individuo, no menos valeroso, que aspiraba a ese cargo: un indio llamado Yopi.
Muerto el jefe, se disputaron encarnizadamente el puesto, y parece que las tribus aliadas se mostraron más propicias al nombramiento de Yopi que al de Yaruri. El hecho es que Yaruri se quedó sin la jefatura y juró odio eterno, no sólo a su rival, sino a toda la tribu.
Sabedor de los esfuerzos hechos por los exploradores blancos para comprobar la existencia de la famosa ciudad, acudió a mi. Sin duda, espera una invasión de hombres blancos para destruir a Yopi.
—No me parece que estamos desempeñando un papel demasiado airoso en este negocio —dijo Alfonso—.
Estamos haciendo de paladines de un traidor.