La Reina de los Caribes
La Reina de los Caribes ¡Deteneos! -les dijo-. El Corsario Negro es un hombre que no hace daño a quien no se le resiste.
¿Qué sabéis vos? -le preguntó el sargento.
-Yo conozco al Corsario Negro.
-¿Y creéis que esa nave sea la suya?
-SÃ; esa nave es El Rayo.
Nadie se movió. Pescadores y soldados continuaron en la playa mirando con espanto el velero, que luchaba penosamente contra la tempestad.
ParecÃa qué el temor los habÃa petrificado.
Entretanto, la nave seguÃa aproximándose, a pesar del huracón. ParecÃa un inmenso pájaro marino volteando sobre el mar tempestuoso. Salvaba intrépidamente la cresta de las olas, desapareciendo casi por completo, para volver a mostrarse a la incierta luz crepuscular.
Los rayos caÃan en torno de sus palos, y la lÃvida luz de los relámpagos se reflejaba en sus velas, enormemente henchidas. Las olas la asaltaban por todas partes, lamiendo sus flancos y barriendo a veces la cubierta; pero la nave no cedÃa. HabÃa renunciado a las bordadas, y marchaba enfilando al puerto, como si hubiera estado cierta de encontrar un asilo seguro y amigo. ¿Quién podÃa ser el audaz que tan intrépidamente desafiaba el furor del mar Caribe? Sólo un marinero de las Tortugas, uno de aquellos condenados corsarios, podÃa atreverse a tanto.