Los dos tigres
Los dos tigres Yáñez arrancó una hoja de papel de un librito de notas, sacó un lápiz y escribió:
A bordo del Mariana.
Señor Tremal-Naik.
Calle Durumtolah.
Hemos entrado en el Hugly y llegaremos esta noche. EnvÃa a Kammamuri a nuestro encuentro. Nuestro barco enarbola la bandera de Mompracem.
Yáñez de Gomera
—Ya está hecho —dijo, dando el papel a Sandokán para que lo leyera.
—Está bien —contestó este—. Es mejor que firmes tú. Los ingleses todavÃa pueden acordarse de mà y de mis correrÃas.
Una canoa tripulada por cinco hombres esperaba al costado del velero, en tanto que este se ponÃa al pairo, a una media milla de distancia de Diamond-Harbour.
Yáñez llamó al timonel de la canoa y le entregó el telegrama y una libra esterlina, diciéndole:
—Ni una palabra acerca de quiénes somos; habla en portugués. Y, por el momento, el capitán soy yo.
El timonel, que era un bello ejemplar de dayako, alto y robustÃsimo, descendió rápidamente a la lancha, que enseguida partió hacia la estación de los pilotos.
Media hora después estaba ya de regreso, anunciando que el despacho ya se habÃa expedido a su destino.