Los dos tigres
Los dos tigres —Sà —dijo Sandokán, a quien le relampaguearon los ojos, arrugando el entrecejo de un modo amenazador—. ¡Se la arrebataremos, aunque para ello haya que revolver la India entera y ahogar a esos perros de thugs[3] en sus misteriosas cavernas! ¿Habrá llegado nuestro telegrama a manos de Tremal-Naik?
—Un telegrama llega siempre a su destino. No temas, Sandokán.
—Entonces nos esperará.
—De todos modos, creo que deberÃamos advertirle que ya hemos entrado en el Hugly y que esta noche estaremos en Calcuta. Nos enviará a Kammamuri para que nos reciba, y evitarnos asà la molestia de tener que buscar su casa.
—¿Hay alguna oficina telegráfica en las orillas del rÃo?
—La de Diamond-Harbour.
—¿La estación de los pilotos que acabamos de pasar?
—SÃ, Sandokán.
—Pues ya que todavÃa estamos a la vista, pongámonos al pairo; manda echar un bote al agua y envÃa a alguien. Aunque nos retrasemos media hora no importa gran cosa. Además, es posible que los thugs vigilen la casa de Tremal-Naik.
—Admiro tu prudencia, Sandokán.
—Entonces, amigo mÃo, escribe.