Los dos tigres
Los dos tigres La desventurada que se ha negado a morir sobre el cadáver de su marido se ve obligada a llevar luto durante toda su vida.
Además, se la obliga a cortarse el pelo a punta de tijera todos los meses; no puede llevar joyas ni vestir de color blanco; no puede perfumarse; se le prohÃbe ponerse en la frente el distintivo de la clase a la que pertenezca, no pudiendo tampoco ni fumar ni asistir a las fiestas de familia.
Finalmente, se huye de ellas como de un apestado, pues los hindúes creen que el encontrarse con una viuda es señal de mal agüero.
A pesar de todo esto debe resignarse, pues aun cuando se vea tan despreciada, lo es menos, sin embargo, que la que vuelve a casarse: sobre esta cae el desprecio más absoluto de todas las castas, excepto de los infelices parias[16].
El grupo que avanzaba a través de la manigua se componÃa de unas cuarenta personas, entre las cuales iba una joven a la que sostenÃan dos sacerdotes.