Los dos tigres
Los dos tigres —¿No he jurado decirla por Kali?
—Y si no has vuelto a Raimangal, ¿cómo sabes que está allà mi hija?
—Porque me lo han dicho.
—¿Para qué me la habéis robado?
—Para que esa niña sea la virgen de la pagoda. Tú robaste la primera, y Suyodhana te cogió a tu hija, porque por sus venas corre la sangre de Ada Corishant.
—¿Cuántos hombres hay en Raimangal?
—Seguramente no habrá muchos.
—TodavÃa una palabra más —intervino Sandokán—. ¿Poseen barcos los thugs?
El viejo le miró durante algunos instantes, como procurando adivinar el motivo de la pregunta, y después dijo:
—Cuando yo estaba en Raimangal no tenÃan más que dos gongos. Sin embargo, no sé si Suyodhana habrá adquirido algún buque en estos últimos tiempos.
—Ese hombre jamás lo confesará todo —dijo Yáñez a Sandokán—. Pero ya sabemos bastante, y es mejor que nos vayamos antes de que los sacrificadores vuelvan con refuerzos. ¡Ah! ¿Qué hacemos de la viuda?
—La enviaremos a mi casa —dijo Tremal-Naik—. Estará mejor que entre los thugs.
—Entonces en marcha —dijo Yáñez—. ¿Habrán llegado ya los elefantes a Khari?
—No llegaron hasta ayer.