Los dos tigres
Los dos tigres Empujados por todos lados iban a lanzarse al agua para alcanzar a nado el islote y ponerse a salvo, cuando en el Mariana resonaron los gritos de:
—¡Fuego! ¡Fuego!
Con una orden breve e instintiva, Sandokán detuvo el empuje de sus hombres.
—¡Al Mariana!
Saltó sobre la amura del grab y de un solo brinco se puso en la toldilla del prao, en tanto que Tremal-Naik con unos cuantos hombres cubrÃa la retirada y rechazaba con eficacia un ataque de los sectarios de la sanguinaria diosa.
Por la escotilla grande del Mariana salÃa un denso humo, que envolvÃa las velas y la arboladura.
Tal vez un pedazo de mecha o algún trozo de cuerda encendida por los tiros de las culebrinas, debÃa de haber caÃdo en la estiba y prendido fuego al depósito de las piezas de recambio de la maniobra.
Sandokán, desentendiéndose de los incesantes disparos del segundo grab, mandó preparar la bomba, y enseguida gritó a Sambigliong, que no habÃa abandonado la rebola:
—¡Al largo! ¡Boga hacia la salida del canal! ¡Todo el mundo a bordo!
En aquel instante, Tremal-Naik y Kammamuri, junto con los hombres que habÃan cubierto la retirada, saltaban sobre cubierta.