Los dos tigres

Los dos tigres

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Se cortaron los grapines de abordaje, se orientaron las velas, y el Mariana se separó del grab más próximo, pasando por delante de la proa del otro velero.

Se imponía la retirada, pues los tigres de Mompracem no podían hacer frente a los buques adversarios teniendo fuego a bordo, ya que este podía alcanzar a la pólvora de la santabárbara.

Con los daños sufridos por el Mariana en el abordaje y demás maniobras habían sido relativamente escasos, pues los tiros de los mirines no habían sido bien dirigidos, podía alejarse sin temor de que le alcanzasen; sobre todo, teniendo en cuenta de que el grab abordado, al haber sido privado del trinquete, casi no podía virar y darle caza.

De un solo golpe de vista, Sandokán se había hecho cargo de la situación, y ordenó a Sambigliong:

—¡Al Diamond-Harbour!

Pensaba y con razón, que allí tendría por lo menos el socorro de los pilotos de la estación, en el caso de un peligro extremo, y que los thugs se guardarían muy bien de seguirle hasta aquel lugar.

El comandante del segundo grab mandó desplegar las velas rápidamente como si hubiese comprendido las intenciones de Sandokán, preparándose para darle caza y acometerle de nuevo antes de que el Mariana pudiera salir del canal.

Había adivinado que la presa se le escapaba.


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