Los dos tigres
Los dos tigres —¡No será muy trabajoso ni muy difÃcil! —contestó el portugués, con su calma habitual—. ¡Aquà hay una baterÃa que va a escaldar los lomos de los thugs! ¡Balas y clavos al mismo tiempo! ¡Los lanzaremos con el hierro!
—Tú encárgate de las culebrinas de babor; yo me ocuparé de las de estribor —dijo Sandokán—. Vosotros cubrid la baterÃa con el fuego de vuestras culebrinas.
Se inclinó sobre una de las culebrinas y miró con atención a la cubierta del velero enemigo, el cual proseguÃa avanzando como si tuviese la intención de abordar al Mariana.
En la cubierta del prao resonaron dos cañonazos: el portugués y el Tigre de Malasia habÃan hecho fuego simultáneamente.
El palo del trinquete del barco enemigo, tocado en su parte baja, cerca de la cofa, osciló un momento, y luego cayó con gran estrépito a través de la borda de babor, la cual, a causa del fuerte golpe, se rompió en varios pedazos, llenando la toldilla de astillas y de cordaje y cubriendo asà los dos cañoncitos del castillo de proa.
—¡Ahora, metralla! —gritó Sandokán—. ¡Barramos la cubierta!