Los dos tigres
Los dos tigres —Estoy viéndole y no se mueve. Creo que ha embarrancado; además, está tan maltrecho, que no podrá seguirnos hacia el mar —contestó Sandokán—. Desembarcaremos sin que nos molesten, y después enviaremos el prao a Raimatla, sin que nos vayan siguiendo espÃas de ninguna clase. ¡Les hemos dado una buena! ¡No ha ido mal el negocio!
—¿Podremos ir a Khari de igual forma, aunque desembarquemos más hacia el Sur?
—SÃ, a través de los junglares.
—No nos asustaremos por recorrer diez o doce millas a través de los bambúes, aun cuando allà haya tigres.
Y luego, dirigiéndose hacia Sambigliong, añadió:
—¡Sambigliong, sigue remontando, y vira de bordo en el extremo del islote! ¡Volveremos al Hugly!