Los dos tigres
Los dos tigres —¿Le has visto?
—SÃ; está escondido allà abajo, detrás de los cálamos. ¿No ves cómo se mueven las hierbas? El bâg se desliza con precaución, y procura despistar a tu perro en su persecución.
—¡Cornac! —gritó el bengalés—, lanza hacÃa adelante al elefante; nosotros estamos ya preparados para hacer fuego.
El conductor silbó y el comareah alargó el paso, dirigiéndose hacia las grandes hierbas en medio de las cuales resonaban, a intervalos, los ladridos de «Punty». El merghee que llevaba a los malayos los seguÃa.
El olor que despedÃa la fiera ya no se percibÃa. Sin embargo, el comareah, avezado a aquella caza peligrosa, parecÃa que olfateaba la proximidad del feroz enemigo.
El paquidermo empezaba a inquietarse; soplaba ruidosamente, movÃa su enorme cabeza, y de vez en cuando le sacudÃa un violento estremecimiento que hacÃa tambalearse al houdah.
A pesar de su enorme fuerza y del vigor excepcional de su trompa, que de un solo tirón arranca de raÃz un árbol grueso, está comprobado que los elefantes tienen verdadero miedo a los tigres; tanto, que algunas veces se niegan a seguir avanzando y permanecen sordos a las palabras y a los halagos de sus cariñosos cornacs.