Los dos tigres
Los dos tigres El comareah que transportaba a los tres jefes era un animal valiente que ya estaba muy bregado en esas lides, como aseguraba el conductor, habiendo triturado bajo sus patas a muchos tigres y estrellado a otros contra los árboles; a pesar de ello, como hemos dicho, en aquellos momentos experimentaba cierta excitación.
También su compañero, que le seguÃa a breve distancia, titubeaba de vez en cuando, y algunas veces era preciso que su conductor le aplicase un buen pinchazo para que se decidiera a continuar el camino.
El molango, que habÃa pasado delante y se apoyaba en el cornac, gritó de pronto:
—¡Atención!
Enseguida dos bultos amarillentos estriados de negro, saltaron por encima de las altas hierbas a una distancia de menos de cincuenta pasos, volviendo a desaparecer en el acto. Eran dos enormes tigres que, antes de decidirse a sostener la lucha o batirse en retirada, habÃan dado un salto para darse cuenta de la fuerza de sus enemigos.
—¡Son dos! —exclamó Tremal-Naik—. ¡El devorador de hombres ha encontrado un compañero! Tened sangre frÃa, y no hagáis fuego si no es sobre seguro. ¡Me parece que se decidirán a acometernos!
—Asà resultará más interesante la caza —contestó Sandokán.