Los dos tigres
Los dos tigres —¿Y quién va a guiarlos?
—El cornac del merghee, que conoce los Sunderbunds tan bien como yo.
—Es cierto, sahib.
—Les confiaremos también a «Punty» y a «Darma», que no podrán seguirnos.
—Sà —dijo Sandokán—. Nosotros somos suficientes para hacer frente a los raptores. Además, me interesa comunicarme con los hombres del Mariana. Apresurémonos para que los thugs no nos tomen demasiada delantera.
—Una palabra todavÃa, amigo mÃo. El canal de Raimatla es largo, y nosotros necesitamos que tus hombres nos encuentren enseguida para no perder un tiempo que puede sernos precioso. Cornac, ¿has oÃdo hablar de la antiquÃsima torre de Barrekporre?
—SÃ, sahib —repuso el conductor de elefantes—, una vez tuve que permanecer en ella durante tres dÃas, para no caer en las garras de los tigres.
—Pues allà te esperaremos nosotros. Se encuentra casi frente al extremo septentrional de Raimatla, en la orilla más alejada del junglar.
—Conduciré hasta allà a tus hombres. En cuatro o cinco horas llegaremos. Manda que ponga el houdah al, comareah.