Los dos tigres
Los dos tigres —PodrÃamos sorprenderlos llegando primero, si logramos tener una chalupa a nuestra disposición. Los thugs tendrán buenas piernas; pero tanto como para que puedan competir con un elefante puesto al galope, no lo creo.
—Ni yo tampoco.
—Entonces, acabo —dijo Sandokán, que parecÃa seguir el hilo de una idea fija—. Haremos que el elefante corra cuanto pueda, de modo que lleguemos a los lindes de los Sunderbunds con mucha ventaja sobre los raptores de Surama. En cuanto nos hayamos puesto al habla con mi prao, armaremos la ballenera e iremos a cruzar por las costas de Raimangal.
—Y los cogeremos antes de que desembarquen en su isla —dijo el señor De Lussac.
—¡Y los mataremos como a perros! —añadió Yáñez.
—¡Entonces, adelante, y siempre al galope! —dijo Sandokán—. ¡Eh, cornac! ¡Cincuenta rupias de propina sà puedes llevarnos hasta los lindes de los Sunderbunds antes de medianoche! ¿Crees que puede ser posible, Tremal-Naik?
—SÃ, si el elefante no aminora el paso —respondió el bengal×. Estamos muy lejos todavÃa; no obstante, podemos llegar. El comarcan tiene las patas largas, y vence a un buen caballo en la carrera. ¡Adelante, cornac; adelante siempre, y a escape!