Los dos tigres
Los dos tigres —¡Y van dos! —gritó Sandokán—. ¡Aguantad firmes, amigos! ¡Voy en vuestra ayuda!
Iba a lanzarse hacia la popa, cuando se sintió cogido por detrás.
El marinero, que habÃa quedado como petrificado por aquel terrible golpe recibido en la cabeza, aun cuando tenÃa rotas las costillas, habÃa logrado incorporarse de nuevo al cabo de unos minutos, procurando prestar auxilio a su compañero.
Desgraciadamente para él, llegó demasiado tarde, y por sà solo no podÃa luchar, ni mucho menos, con el terrible Tigre de Malasia.
—¡Cómo! —exclamó el pirata—. ¿TodavÃa estás vivo? ¡Pues irás a hacer compañÃa a los peces!
Le levantó sobre sus robustos brazos y le tiró a la laguna, sin que el desgraciado, que vomitaba sangre a chorros, hubiera podido oponer la menor resistencia.
En aquel instante se oyó un grito de dolor, seguido de una blasfemia lanzada por Yáñez.
El cornac, que luchaba con uno de los thugs a pocos pasos de distancia del portugués, cayó con el pecho atravesado por una tremenda cuchillada.
Un aullido de triunfo saludó la caÃda del pobre conductor de elefantes.
—¡Adelante! ¡Kali nos protege!
Pero casi en el acto, ese grito de alegrÃa se cambió por otro lleno de espanto.