Los dos tigres
Los dos tigres —Porque es usted de raza blanca, y le será difÃcil penetrar en Delhi. Los insurrectos no respetan a ningún europeo.
—No tema usted, señor De Lussac; me disfrazaré de hindú.
—¿Y usted puede venir con nosotros? —preguntó Sandokán.
—Creo que podré acompañarlos por lo menos hasta las avanzadas. El general Bernard, según acaban de comunicarme, está concentrando tropas en Amballah, y los ingleses han tendido un cordón entre Gwalior, Bartpur y Pattiallah. Mi regimiento forma parte de ese cordón. Tengo la seguridad de que, a mi regreso a Calcuta encontraré la orden de incorporarme a mi compañÃa lo más pronto posible, y que no han de negarme que os acompañe.
—¡Entonces, marchemos! —terminó diciendo Sandokán.
Kammamuri habÃa alquilado seis mail-carts, vehÃculos muy ligeros que constan de dos asientos, uno delante para el conductor y otro detrás capaz para dos personas. Van arrastrados por tres caballos, que se renuevan de bungalow en bungalow.
Este es el correo empleado en la India, en los lugares en donde no hay vÃa férrea.