Los dos tigres
Los dos tigres —¿Es aquà donde tiene usted que dejarnos, señor De Lussac? —preguntó Sandokán.
—Aquà está una de las compañÃas de mi regimiento; pero les acompañaré hasta cerca de la ciudad para facilitarles el paso.
—¿Es cierto que ya está sitiada?
—Se la puede considerar como tal, aun cuando los rebeldes hagan a menudo salidas y sostengan pequeños combates. Voy a proporcionar a ustedes los caballos y a enseñar la carta y el salvoconducto al comandante en jefe de las tropas.
No habÃan transcurrido dos horas cuando ya Sandokán, Yáñez, Tremal-Naik y el francés, con una pequeña escolta saliendo de la estación de Koil, galopaban hacia la ciudad santa.