Los dos tigres
Los dos tigres El material de sitio, tan largamente esperado, había llegado ya, y marchaba directamente hacia el Norte para batir los bastiones de la ciudad, que hasta entonces habían resistido tenazmente a las acometidas de la infantería y de los zapadores minadores. Por todas partes se veían las huellas de la insurrección.
Aldeas quemadas, pueblos destruidos, las cosechas arrasadas, los campos desolados, cadáveres que viciaban la atmósfera y que atraían a bandadas de marabúes, bozzagries, arghilaks, nibbis y otras aves de este género.
Cuatro horas después de su salida de Koil, nuestros expedicionarios llegaban a la vista de las torres y de los bastiones de la capital del Gran Mogol.
Grandes contingentes de soldados ingleses recorrían la campiña. Por la mañana se había sostenido un furioso combate, en el cual les había tocado las de perder a los asediantes; montones de cadáveres flanqueaban el camino principal.
La línea de sitio quedó rota en varios puntos, y los rebeldes saqueaban las campiñas vecinas para apoderarse del ganado que todavía existía por aquellos contornos. Por este motivo no resultaba difícil para hombres que parecían nativos y que podían pasar por rebeldes llegados de Merut o de cualquier otra parte, penetrar en la ciudad del Ganges.