Los dos tigres
Los dos tigres —No digo que no; sin embargo, no es posible adivinar lo que pueda suceder en el furor del asalto, y es mucho mejor que esté yo allà por si acaso. Ya está anocheciendo y este es el momento más favorable para ustedes. ¡Adiós, mis valientes amigos! Les deseo que encuentren a la pequeña y que den el último golpe a los adoradores de Kali.
Se abrazaron no sin emoción, y mientras el francés regresaba al campamento, Sandokán y sus hombres se dirigieron atrevidamente hacia la ciudad.
Muchos soldados de caballerÃa recorrÃan aquellos contornos, saqueando los burgos que habÃan desalojado los ingleses por la mañana. Al ver avanzar a aquel grupo armado, un pelotón de saqueadores mandado por un subadhar[30] se adelantó, ordenando que se detuvieran. Tremal-Naik, que se habÃa puesto a la cabeza, obedeció en el acto.
—¿Adónde vais? —preguntó el subadhar.
—A Delhi —contestó el bengalés—, a defender la bandera de la libertad de la India.
—¿Y de dónde venÃs?
—De Merut.
—¿Cómo habéis podido atravesar las lÃneas inglesas?
—Aprovechándonos de la derrota que les causasteis esta mañana para rodear su campamento.
—¿Es verdad que han recibido cañones?