Los dos tigres
Los dos tigres —Quince o veinte veces más que nosotros —respondió el cipayo—. Durante dos semanas anduve vagando por los junglares, alimentándome con frutas salvajes, y corriendo a cada paso el peligro de verme desgarrado por los tigres o despedazado por los cocodrilos hasta que, pasando de isla en isla, por último me recogió una barca de pescadores bengalÃes.
—¿Has vuelto a ver a Suyodhana? —preguntó Tremal-Naik, después de unos instantes de silencio.
—No, señor.
—Pues nosotros sabemos por noticias fidedignas que se halla en Delhi.
El cipayo dio un salto.
—¡AquÃ! —exclamó—. Yo sé que los thugs se han unido a nosotros y que han venido en grupos numerosos desde Bengala, del Bundelkund y también de Orissa; pero no he oÃdo hablar de que hubiese llegado su jefe.
—Nosotros hemos venido persiguiéndole —dijo Tremal-Naik.
—¿Quiere usted arreglar con él la cuenta pendiente? Si es asÃ, pueden ustedes contar conmigo por completo, señor Tremal-Naik —dijo Bedar—; yo también deseo vengar a mi capitán, a quien querÃa como si fuese mi padre, a pesar de que yo soy hindú y él era inglés, y a todos mis compañeros, tan miserablemente asesinados en los Sunderbunds.