Los dos tigres
Los dos tigres —¡SÃ! —dijo el bengalà con voz terrible—. ¡He venido hasta aquà para matarle y para arrancarle a mi hija, que me ha robado hace algunos meses!
—¿Le ha robado a usted la niña?
—Ya te contaré eso más adelante. Ahora me interesa saber si podremos entrar en Delhi, es decir, si nos dará permiso Abu-Assam.
—No lo dudo, señores, porque no hay motivo para que crean que ustedes son espÃas de los ingleses. Además de que eso no puede asegurarlo nadie. ¿Han visto ustedes al general?
—TodavÃa no; sólo sabemos que el subadhar que nos ha traÃdo hasta aquà le ha avisado de nuestra llegada.
—¿Hace mucho que están ustedes aqu�
—Una hora.
—¿Y todavÃa no ha mandado llamarlos?
—No.
—¡Es extraño! —dijo el cipayo—. Déjenme ustedes que vaya yo a ver al subadhar, que debe de ser el mismo que me ha encargado que les trajese la cena.
Aún no se habÃa levantado para salir, cuando vio aparecer al subadhar acompañado de dos hombres que llevaban la cara cubierta con unos tafetanes que les colgaban del turbante.