Los dos tigres
Los dos tigres —Los thugs son esos dos hindúes que llevaban la cara tapada. Les han reconocido a ustedes y han exigido al general que los fusilara, amenazando, en caso contrario, conque todos los sectarios de Kali abandonarÃan la causa de los insurrectos.
—¡Claro! ¿Aba accedió?
—Los thugs son todavÃa poderosos, y en Delhi hay un buen número de ellos. ¡Apresúrense, señores; pudieran seguirnos!
—¿Quién? —preguntó Sandokán.
—Esos dos hombres. Sé que os vigilan de un modo rigurosÃsimo, y cada dos o tres horas van a examinar la torre.
—¡Pues galopemos! —dijo Yáñez—. ¡Ahora que ya estoy libre, no me gustarÃa volver a caer en las manos de ese viejo bribón, por más general que sea!
Llegaron al bosque. Bedar se orientó rápidamente, y enseguida se metió bajo los harás y las palmeras, siguiendo un sendero apenas perceptible entre las altas hierbas que crecÃan en derredor de los troncos de los árboles. Se habÃa puesto muy nervioso, y volvÃa frecuentemente la cabeza hacia atrás, como si temiera que les siguiesen los dos thugs.
Asà caminaron por espacio de un cuarto de hora, hasta llegar a un pequeño claro, en medio del cual se movÃa una masa enorme.