Los dos tigres
Los dos tigres —Ahora y dentro de seis años.
—Y yo también. ¿Has traÃdo los trajes que te habÃa recomendado?
—Tengo cuatro cajas con trajes en el fylt-sciarra.
—¿Qué pretendes hacer, Sandokán? —preguntó Yáñez.
—El manti nos dirá si los thugs han vuelto a su antigua residencia, y si la pequeña Damna está oculta en los subterráneos de Raimangal —respondió el Tigre de Malasia—. Nos hacÃa falta un thug para hacerle hablar, y lo tenemos al alcance de la mano; ¡y por Alá que ha de cantar muy alto! Se trata únicamente de encontrarle, y confÃo en que lo lograré.
—Amigo mÃo, Calcuta es muy grande y muy populosa. SerÃa lo mismo que buscar una aguja en un pajar.
—Quizá sea menos difÃcil de lo que usted cree —dijo de pronto Kammamuri—. En la ciudad negra hay una pagoda dedicada a la diosa Kali, a la cual concurren los thugs, y en donde, desde hace tres dÃas, se están celebrando fiestas en honor de Darma-Ragiae y de su esposa Drobidé. Nada me sorprenderÃa encontrar allà a ese viejo.
—SerÃa una suerte —dijo Sandokán—. ¿Cuándo comienza la fiesta?
—Por la noche.
—¿Tienes que volver a casa de tu patrón?